EN VIEJO EX AGENTE, EL OBSERVADOR, NOS TRAE UNA INTERESANTE NOTA SOBRE LA REALIDAD DE LA SIDE
"QUIEN ES EL SEÑOR 5"
PARTE I
La Secretaría de Inteligencia de Estado (hoy S.I), constituye el oscuro lugar de las sucesivas administraciones nacionales, que estigmatiza a quienes la preceden, no ya por sus cualidades intrínsecas, sino porque, en la mayoría de los casos, llegan a ella hombres con cierto encandilamiento por ejercer el poder que ofrece el atractivo lenguaje de lo secreto, que los empuja a emular una falsa copia del todopoderoso George Tenet antes de su caída en desgracia.

En todos los casos, los sucesivos gobernantes, ni siquiera tienen la viveza de sumarse a la vieja teoría de que el hombre aprende aplicando para sí la práctica de la contradicción y la dificultad, sustancial fundamento en el que se solventa la inteligencia anecdótica. Con este simple ejercicio de observación y la consecuente aplicación de la experiencia previa casi como un principio poperiano, se podrían evitar errores en la conducción de la SIDE, que son sistemáticos y recurrentes de todos los gobiernos que asumen la dirección del país.
Normalmente, y esto es lo grave, se transforman en “Sr 5”, nomenclatura cifrada que corresponde al Secretario de Inteligencia del Estado, conspicuos amigos del primer mandatario, que como máximos logros en materia de Inteligencia recuerdan haber leído las desventuras del Inspector Clouseau. Es decir que básicamente, y a lo sumo, son instruídos universitarios, ignorantes totales de las específísimas funciones de un hombre de inteligencia, que debe, además de delinear y mantener estrategias acordes al proyecto político que impulsa el Presidente; administrar y hacer útil un organismo que tiene una función y un perfil diametralmente opuesto a cualquier ministerio o cartera y que maneja un elemento de alta sensibilidad como es el secreto.
El agente de inteligencia.
Manejar el secreto de Estado, constituye una tarea que nada tiene que ver con el estatus político al que se pueda acceder. Se fundamenta en una práctica metodológica que se adquiere con años de estudio, preparación y dedicación en temas afines al área de la inteligencia.
Normalmente para formar un agente de inteligencia, deben pasar no menos de 15 años en funciones de análisis y perfeccionamiento permanente en distintas disciplinas puntualmente específicas a la materia de estrategia, Inteligencia, contrainteligencia, terrorismo y antiterrorismo etc, que no se pueden aprender en la síntesis de los manuales o en algún aislado curso tomado fuera del país, que a veces confunden al nuevo funcionario, magnificando sus cualidades relativas para una tarea a la que vocacional y actitudinalmente, ni siquiera se aproxima.
Esa burda equivocación lo llama a engaño y al poco tiempo cosecha tempestades y tarde se le revela al individuo el tránsito por el camino del diablo, en medio de la desvastación que produjo su propia ineptitud.
Si a esto le agregamos que el elegido deberá conducir el principal organismo de inteligencia estatal, tendríamos que sumarle al saber específico de las cuestiones operativas, que mencionamos en el párrafo anterior, aspectos organizacionales de la alta estrategia, conducción de personal especial, relaciones interpersonales en un marco interno atípico, fundamentos esenciales de la administración de fondos secretos, el manejo de la confidencialidad y el secreto de Estado y sólidos conocimientos de la contabilidad no convencional, que vertebra el funcionamiento de este organismo y es uno de los pilares básicos donde se asienta la currupción interna. Esa corrupción es una mácula que, cuando el funcionario se aleja del cargo y termina el embrujo, domina su existencia futura, a pesar de los largos momentos de arrepentimiento que pase en soledad.
Párrafo aparte necesitaríamos para mencionar el profundo conocimiento que un Secretario debe tener de las estrategias en el campo internacional, tanto en materia de política extranjera como de economías regionales, fortalezas y debilidades de países limítrofes, cuestiones de seguridad interna y externa etc. Y ni que hablar del nuevo concepto de terrorismo, cuyo conocimiento no se puede conciliar en un escritorio releyendo bibliografía barata, sino que exige un marco de conocimiento amplio y basado en un trabajo empírico de años de interrelación con los servicios extranjeros de mayor prestigio en la materia, sean estos el Mossad, el MI5 o la propia CIA.
Nada de esto puede construirse de la noche a la mañana, por el solo hecho de colocar sobre una mesa un pseudotítulo conseguido por favores políticos, o por codearse protocolarmente con los popes de la inteligencia mundial en algún encuentro circunstancial, que los hace relamer de entusiasmo.
Nadie puede reformular lo que ignora o puede actuar en inteligencia “por lo que le han contado”. El Estado, independientemente del partido gobernante, nunca podrá disponer de un ala profesionalizada en materia de inteligencia, si con cada oleada de funcionarios, se remueve el que organiza, aglutina, manda y decide.
Mientras la política supere en importancia a la necesidad estratégica de contar con una SIDE totalmente profesionalizada, el organismo será siendo rehen de partidismos, cuando en realidad su buen funcionamiento debiera ser una cuestión de Estado.
Se hace sustancialmente importante que este gobierno y el que lo suceda se planteen al respecto una prospectiva estratégica en materia de Inteligencia. Es decir analizar, considerar y plantear seriamente, con vista al futuro, la modificación de todos y cada uno de los resortes institucionales que no funcionan en este organismo como en otros tantos y darle, aceleradamente, un tratamiento adecuado sostenido en base a una adecuación de la respectiva ley, conocimientos en su conducción y a la profesionalización de sus cuadros.
En razón de que todo lo imitan, al menos, podrían copiar la coherencia política de EEUU, donde Geogre Tenet, Jefe absoluto de la CIA, sobrevivió a dos administraciones consecutivas de partidos opositores (aquí se advierte pragmáticamente lo que significa “cuestión de Estado”), que con buen tino lo preservaron más allá de las ideologías, por su capacidad profesional, hasta que Irak le mató el sueño de intocabilidad y su cabeza rodó como un costo político más de la guerra.
Nuestros políticos, aún, luchan por disputarse el lugar de poder que les ofrece el cargo y sueñan, desde allí, hacer la caja, limitar al oponente, barrer con los puestos ocupados por adversarios y poner los suyos, de la misma forma que antes hicieron con ellos.
Obviamente todos estos elementos sustanciales que mencioné, están ausentes en la preparación del candidato desde su base. Es muy natural que confundan el “ser profesionales en algo”, con ser profesional en la rama de la inteligencia. Este mal tiene su génesis en los propios partidos políticos que no preparan funcionarios para conducir esta área. Y cuando se encuentran con el poder le tiran la responsabilidad al de mayor confianza o al mejor amigo y no advierten el error, simplemente, porque no saben o no les importa.
Adviértase que no sucede lo mismo con ministerios como el de economía, por ejemplo. Aquí, generalmente, los partidos políticos previenen el hombre clave y lo sustentan casi místicamente, porque reconocen que depende de su buena performance, la viabilidad del futuro gobierno. Y en este caso se respetan estrictamente las condiciones básicas de profesionalismo de hombre propuesto porque de su capacidad profesional, negociadora, astucia y conocimiento, dependerá el orden económico de los próximos años y porqué no decirlo, la estabilidad del propio mandato.
En esta Secretaría, como en ningún otro lado, se hace
realidad la popular expresión: nadie puede ordenar lo que no
sabe. El resultado final de esta desobediencia a la lógica básica
hace que los funcionarios terminen manejando al organismo estructuralmente
como a una verdulería y presupuestariamente como a una megaempresa.
El uso político.
Párrafo aparte merece y seguramente será tratamiento de una nota posterior, la increíble actuación de gente de la Secretaría en cuestiones parapoliciales, caballito de batalla del tandem Duhalde-Toma, casi un Chavo para un Chapulín.
Emblemático fue el caso Bellucio que colmó el estupidómetro oficial, cuando más allá de proporcionar escuchas, la Secretaría fue enviada a realizar un operativo de tipo policial donde, inclusive, el personal del organismo se trabó en un tiroteo con los delincuentes. Y no fue la única vez.
Esto, además de ser sencillamente una aberración desde cualquier punto de vista que se lo mire, corrobora lo que he venido sosteniendo: no saben para que existe la SIDE, no tienen idea de cuales son sus objetivos, no les importa cuál es su función específica y ha sido usada una y otra vez para enjuagar trapos sucios de la política de entrecasa que juegan la Nación con la provincia de Bs As y la Policía Federal que mantienen una lucha interna indescriptible e incomprensible, producto todo ello del alto grado de politización que supera en importancia a la seguridad que deben brindarle a los ciudadanos.
Al gobierno actual, que ha hecho de la transparencia de las instituciones una bandera con algunos agujeros, debiera darle escozor involucrar a un organismo de estas características en situaciones tan atípicas como la resolución de hechos policiales de delito común, más allá de la asistencia puntual en materia de interceptación telefónica o complementación logística de medios en casos de secuestros que está perfectamente encuadrada en la actividad, más aún ante la coyuntura que vivimos en materia de seguridad.
Pero de allí a constituír a esta Secretaría en un brazo armado para el combate del delito es una descontextualización de sus roles y funciones que no pueden desconocer sus conductores y si quieren reconvertirla para lo que no fue pensada, debieran eliminarla y reemplazarla por otra cosa que no es lo que hoy es.
Llegará el día en que, de proseguir esta inadecuada intromisión en cuestiones eminentemente policiales, se generarán situaciones insalvables que resplandecerán en las luminarias de la prensa anti-inteligencia del país y volverán a la carga a cuestionar si es necesario o no que viva la SIDE y el propio gobierno actual que desde la oposición también la puso en dudas, deberá salir a justificarla, no sin algunos costos políticos para el señor 5.
Cualquiera, mejor que nadie.
En general, la SIDE ha sido conducida por políticos, abogados, ingenieros, y hasta bancarios; como si la situación social, económica o académica bastara para liderar una de las funciones más delicadas de un gobierno: la inteligencia estatal.
Poblada de ignorantes en la materia, todas las administraciones, desde los militares para acá, se han valido de personas incapaces de preceder eficientemente un estamento del Estado que bien aceitado, ayuda a la gobernabilidad sin que por ello deba eclosionar con los intereses ciudadanos. Esta incapacidad profesional hace que “el Sr 5” se debata entre el poder que ejerce, dentro de una estructura que le es desconocida y hostil; y las ideas reformistas con las que llega, sin saber exactamente cómo las aplicará.
En este contexto, cae víctima de su propia ignorancia y necesariamente, para salvar sus múltiples falencias, debe rodearse de algunos “históricos” de la casa que saben como complacerlo, como deslumbrarlo y cómo comprometerlo en el corto plazo. Rápidamente se encargan de recordarle que los nudos kafkianos de las internas partidarias y los contubernios con la justicia, las transas financieras y las más variadas operaciones políticas pueden monitorearse, manipularse y solventarse muy bien desde los abultados arcones que guardan los casi ilimitados dineros públicos que a veces son deliberadamente aumentados lo cual debe, necesariamente, llamar a sospecha.
Cuando la conciencia del nuevo funcionario ha madurado y puede observar qué distinta es la realidad al proyecto imaginario que lo condujo allí, es tarde. Sus pies ya están pegados en la telaraña del poder que atrapa y sus manos en las cuantiosa caja de los fondos reservados.
Para entonces, esos mismos “históricos” en los que pensó refugiarse han tejido, con el fino hilo de la deslealtad, pero con la inteligente actitud del resguardo personal, una trama que impedirá tocarlos y por lo tanto, son los únicos que sobreviven a los sucesivos Secretarios, tal como las cucarachas sobreviven a los desastres nucleares.
Marcado quedarás.
Todo mortal que se aproxima a probarse el traje en 25 de Mayo 11, cae omnubilado por el enigma de lo secreto y queda enlodado, de por vida, por la realidad de lo concreto.
No existe un hombre que haya pasado por la conducción de la Secretaría de Inteligencia de Estado, sin llevarse para siempre la marca indeleble de la impiedad de una “actividad riesgosa”, no en los aspectos de la integridad física, sino en el descrédito funcional del hombre político y en las implicaciones que acarreará a su vida futura.
Ese estigma comienza a vivirlo el individuo, precisamente, el mismo día que pierde el poder omnipresente del puesto lamentablemente devaluado de “Sr.5”. Y es allí cuando sus pares, que todo ese tiempo lo miraron de reojo, le pasan las facturas por favores que no devolvió o los jueces lo persiguen para ajustar cuentas pendientes; algunos opositores le cuelgan delitos de dudosa comprobación o en el mejor de los casos la prensa oficial y alternativa se deleita recreando toda suerte de pifiadas, dichos, transas y actitudes que haya podido tener en su carrera a la fama. Seguramente todo habrá sido confesado a los medios indiscretos y torpes por los mismos que en otras épocas, lo rodearon de genuflexas atenciones.
Este es el momento en que el funcionario comienza a cosechar el trigo amargo de la dulce siembra de ilusiones. Eso sin considerar la intacta capacidad operativa, en materia de inteligencia y destrucción de imagen, que guardan sus enemigos internos los cuales, por motivos que siempre encontrarán a lo largo de su vida, algunos más otros menos, le harán bastante difícil su existencia y lo denigrarán cuantas veces puedan, trabando – casi siempre- cualquier desenvolvimiento público y crecimiento en el campo de la política.
Un simple ejercicio de la memoria, puede ayudar a ver a través del cristal empañado del entusiasmo, la realidad que acecha inexorablemente al candidato a ocupar las mullidas oficinas de 25 de Mayo 11. Facundo Suarez, Yofré, Anzoarreguy, Becerra, De Santibáñez, Soria, Miguel Angel Toma, por nombrar los “contemporáneos” no han podido deshacerse del pesadísimo baldón que les propinó el poder de la SIDE.
Todos ellos tienen pendiente la espada de Damocles sobre sus cabezas. Algunos por inoperancia fueron deglutidos por el canibalismo propio de la estructura. Otros por meter la mano en la lata y creer que nunca se les acabaría. Aún, cuando todos ellos han hecho suficientes méritos para arrastrar la pesada cruz, el estigma les llegó implícito con la unción presidencial. Sólo los cruzó un denominador común: ninguno sabía de que se trataba y todos están libres del alcance de la justicia.
El Observador
Epilogo para un "Señor 5"
Parte II
Sigamos el ejercicio. Un poco de historia para arrancar bien.
La “manu military”
Los militares denigraron los cuadros de la Secretaría bajo el elemento esclerozante de la doctrina militar que contaminó desde la base dogmática del llamado “Decreto Secreto” que manipularon a su antojo, hasta la diferencia interna que hicieron de los cuadros repartidos en dos grandes grupos: civiles y militares, como no podía ser de otra manera.
“El soldado ejecuta no pregunta”
Siguiendo los lineamientos de la ortodoxia castrense que se bajó del caballo del mundo cincuenta años atrás ( y si no es así basta analizar la estrategia política y militar en la guerra de Malvinas) los conductores del proceso impusieron el taylorismo a rajatabla.
Recordemos que Frederik Taylor separaba el “hacer” del “pensar” dentro de su revolucionaria teoría aplicada a las formas de producción de principio de siglo. Con lo cual, nuestros militares, que por aquellos tiempos todo lo controlaban, le imprimieron al organismo un perfil de obediencia debida, en donde el agente de inteligencia tenía prohibido pensar.
No hay nada más incongruente que pedirle que no piense al que tiene que pensar, pues la materia prima de la que se vale la inteligencia es la investigación, el análisis y la prognosis. Pues bien, la estrechísima capacidad craneana de los gordos generales que se peleaban por el sexto piso de 25 de Mayo 11, oprimía la grasa cerebral que nos les permitía ver la dinámica de un organismo que debe adaptarse, necesariamente, a los tiempos que corren, no solo en tecnología, sino en adecuación de los recursos humanos y su especialización permanente.
Llegados a la institución que les era ajena, desconocida y adversa y avasallándola como verdaderos ocupas, decidieron que la SIDE, cuya denominación pasó de “Servicio de Informaciones del Estado” al de “Secretaría de Inteligencia de Estado”, sin alterar la sigla; constituyera una pantalla oficial para sus oscuras operaciones genocidas. Esto imponía, hacia adentro, una férrea tarea de supresión del esquema del trabajo interrelacionado donde la materia gris prevalece por sobre la fuerza bruta.
En ese “no pensar” se fundaron diez años de advenimiento oscurantista para el organismo, donde se vio pasar a oficiales de caballería, tanquistas, especialistas en alta montaña y fusileros tratando de entender, hasta el último día que estuvieron en la Secretaría, qué significaba “Inteligencia” y adoptando actitudes macartistas hacia adentro de la casa, donde vestir ropas civiles significaba, como mínimo, pertenecer a un eslabón inferior en la cadena del ordenamiento orgánico.
Las oficinas de cualquier parte del país se emprolijaron con la mesura y el orden de una cuadra, los horarios se ajustaron a la más estricta consigna castrense “ al pedo pero temprano” (perdonando la licencia idiomática) y una avalancha de suboficiales retirados pasaron a compartir el botín de los estamentos medios de conducción, llevados de la mano de viejos (literalmente hablando) oficiales a los que algunos años atrás habían servido en las recias tareas de alguna Guarnición, en la frontera o en la Infantería de Montaña.
En muy contados casos alguno de los puestos era ocupado por algún ex integrante de la Inteligencia Militar, término contradictorio si lo hay; que desempolvaba viejos esquemas del Inteligence American Book de la II Guerra mundial que rápidamente tenía que guardar en el baúl del abuelo, porque se daba cuenta de que la Secretaría era otra cosa.
De allí en adelante demás está relatar lo que
hicieron con el organismo. La SIDE fue la cara visible del burdo accionar
del D-II Operaciones desde donde se movía la Inteligencia militar
cargando todo el peso específico de su mala praxis a un organismo
estatal que por entonces estaba desconectado del objetivo fundamental
que había inspirado su creación desde la avanzada concepción
del mundo y de las estrategias del poder que tenía el General
Perón.
LA SIDE en democracia
Los “otros 5”
Facundo Suarez, casi podría decirse el “primer reformador” que paría la crisis en el país, catapultó una “limpieza” hacia adentro quitándole a la SIDE el olor verde oliva que le imprimió el proceso. Después vino la utilización de los medios como propios, se quebró todo orden institucional, se vulneraron todos los principios éticos, profesionales y hasta la propia ley secreta y cuando escapó Alfonsín, había dos Secretaría, una “oficial” que daba la cara y donde se enjuagaban las pérdidas y la paralela, liderada por el “Coti” que facturaba y se encargó de matar los últimos atisbos de profesionalismo que quedaban en esa parte del Estado. En el 87 era más una caldera de desechos humanos resentidos, que un organismo de seguridad estatal.
“Tata” Yofré, ignoto periodista devenido en “5”, de la mano de su inclaudicable amigo presidente, prologó una Secretaría farandulesca revistiéndola de luminarias y vaciándola de contenido, plata y seriedad. Por aquel momento se perfilaba el ocaso impostergable del sistema.
El “padrino” Anzoarreguy o “Don Hugo” o “El tío”, realizó, quizás, la tarea de más bajo perfil, entre todos los Secretarios que lo antecedieron y lo sucedieron.
Administrador de un presupuesto incalculable, provisto de una impunidad garantizada, dueño de una agenda de contactos internacionales impresionante; dominó por casi una década a un organismo que le venía como anillo al dedo.
Sería tan extenso nominar hechos y personajes que resultaría imposible resumirlo aquí. Basta decir que el vocablo “corrupción” tomó su máximo esplendor y fue parte indivisible del sello que marcó toda una gestión.
De Santibáñez, bancario, amigo del presidente, se probó un traje que de entrada le quedó grande, sintió que podía y no pudo. Se equivocó, robó y no lo pescaron (como es corriente en Argentina). Su inoperancia y desconocimiento se vislumbró en el mal manejo que hizo de los recursos y de la gente, al punto que en vez de ser soporte ante el derrumbe de De la Rúa, se constituyó en el salvavidas de plomo que lo terminó por arrastrar al fondo de la derrota ampliamente merecida.
Becerra y Soria, han sido tan laxos, insignificantes, intrascendentes e incapaces, tanto para gestionar la Secretaría como para contribuir a su reformulación, que no ha quedado ni vestigios de ellos en los intrincados vericuetos de las oficinas del señorial edificio. Sólo las manchas de infantiles operaciones políticas, teñidas de corrupción barata, acompañó la salida indecente de cada uno de ellos, que debieron escapar silenciosamente por la escalera de servicio de 25 de Mayo.
Miguel Angel Toma, último eslabón del duhaldismo, hizo suyo el sueño que lo acompañó durante muchísimo tiempo: ser “5”. después: morir. Y políticamente murió.
De sus intervenciones mediáticas, se han entintado cientos de centímetros de papel con toda suerte de estupideces dichas en múltiples entrevistas acordadas con periodistas que nunca supieron, o no quisieron preguntarle con seriedad.
Dueño de una ignorancia supina en la materia, trató de vender una Secretaría transparente, asociándola al esclarecimiento de cuanto secuestro revelaban las cámaras de la crónica diaria. Fue el precursor del enjendro funcional que el gobierno de hoy sostuvo al principio de la administración para la SIDE y que luego, aparentemente y con buen criterio, suprimió. Es decir, aquella loca idea de que los agentes de Inteligencia están para perseguir ladrones en las calles y tirotearse al mejor estilo Stark & Hotch.
Toma redondeó la idea del organismo asistente de la justicia (en este aspecto, como debe ser), dueño de una tecnología superlativa y ensayó todo tipo de falacias para las cámaras que al oído del hombre común sonaba a una rimbombante mezcla de chino y arameo, enfatizando el mensaje con una cara de circunstancia que no convencía a propios ni ajenos.
Como no podía ser de otra manera, finalmente su inutilidad entró en contradicción con el hecho fático y las miserias del poder resplandecieron una vez más, cuando las ocultas intenciones de espiar la vida del entonces candidato a la presidencia, Nestor Kircher y familia; revelaron que seguía el gatopardismo y que nada había cambiado en la SIDE, a pesar del enorme esfuerzo por hacerle creer a la gente, que la viveza se adquiere con el cargo y que los estúpidos se reparten entre la sociedad que los vota.
Como la Cenicienta.
Obviamente todos los que llegan al puesto de Secretario, piensan que ellos serán la excepción y es allí donde radica el secreto del mordisco a la manzana de Eva. Si no hubiera narcisistas políticos que creen que todo lo pueden, el diablo no tendría quien hinque el diente sobre la fruta prohibida.
El funcionario que corre ciegamente a ponerse el traje de “Sr 5” desconoce que hay seis fundamentos que previenen una gestión ponderable, los cuales por razones de espacio no mencionaré, pero que son prácticamente una institución dogmática para quien encabece la banda de espías criollos.
Esos principios son la base fundamental de partida para entender la crisis, para solucionar la coyuntura y para delinear el futuro del organismo, sin caer en las tentaciones ni el delirium tremens que da el poder; ayudándole a mantener la cabeza fría para tomar decisiones, las manos calientes para torcer los hechos y la mente lúcida para evitar las consecuencias. Está todo establecido. Algunos lo conocen. Todo lo demás, es improvisación.
El cargo de Secretario de Inteligencia de Estado, debería significar la convalidación y el reconocimiento a las actitudes profesionales, personales y morales de un hombre con amplia simetría ideológica con todos los sectores, enorme caudal de consenso, amplísimo poder de gestión, y un profundo conocimiento en materias afines, más allá de una extensa agenda de contactos importantes en todo el mundo que constituirán la llave maestra para los fines de la interrelación con la comunidad de inteligencia internacional a los que pocos países acceden.
No es suficiente un hombre bonachón o de confianza, ni un buen administrador. No es suficiente, tampoco, ser amigo de, o pertenecer al partido tal. Ni siquiera es suficiente ser un tipo de consenso y sumamente racional. El único aditamento necesario e imprescindible es la idoneidad para el cargo. Y con ella, nadie llega.
Son sólo improvisados y mediocres. Cajeros empedernidos que guardan la íntima convicción de que son las Cenicientas del cuento y algunos llegan a creer que el mundo gira alrededor de la pista en la que se mueven vertiginosamente.
Lo malo de este cuento radica en su remate, cuando el funcionario debe dejar el baile y el traje se le transforma en calabaza.
“No hay vientos favorables para aquel que no sabe dónde ir” – Séneca.
El Observador
FUENTE : www.opisantacruz.com.ar

