Mayo 27, 2005 10:05
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Reflexiones en torno al 25 de Mayo del 2005

 

Un nuevo 25 de mayo pasó para los argentinos. El Presidente eligió a Santiago del Estero para recordar la fecha patria, sencillamente porque sus oídos demasiado sensibles no querían escuchar el mensaje crítico del Cardenal Primado de la Argentina. Como a este Obispo no podía silenciarlo como al Vicario Castrense, prefirió organizar el acto central en una provincia que no le trajera demasiadas dificultades.

 

Como todos los tiranos, le huye a la crítica. Y fiel a la consigna de pan y circo, para asegurarse el apoyo de la población provinciana, no dudó en efectuar anuncios y promesas, al tiempo que la participación de algunos artistas especialmente convocados le ayudaron a continuar creyendo  que el pueblo lo acompaña en sus delirios de emperador. Por supuesto, todo muy bien pagado por el bolsillo de los contribuyentes.

  

Frente a este circo mediático, también muy bien solventado por la extensión de las licencias a ciertos medios de comunicación, en la Catedral de Buenos Aires, un “pequeño” grupo de no menos de 1500 personas, se reunió con la simple consigna de reemplazar al presidente en un acto impresionante de fe y de civismo... no hicieron falta ni cantantes, ni colectivos pagos, ni choripanes, ni promesas pueriles... Este puñado de argentinos del silencio, con el único objeto de rendir culto a Dios y a la Patria , se autoconvocaron con la fuerza de la oración y del patriotismo.

Y a los que tuvieron la gracia de estar presentes, el premio del cielo fue el renacimiento de la esperanza. Cuando el  “Oid Mortales el grito sagrado” rugió de las gargantas emocionadas,  la posibilidad cierta de una Argentina distinta se hizo patente en las inteligencias y en los corazones. Como en 1810, el pueblo clamaba por la libertad.

 

También el dolor por la injusticia se mezclaba en los espíritus. Esposas e hijos de los actuales presos políticos, con su llanto y su sufrimiento nos recordaban que la pacificación sólo sería posible cuando el enemigo derrotado por las armas, sea también derrotado en el campo de las urnas. Sus lágrimas se constituían en flechas punzantes que nos exigían adoptar un mayor compromiso ciudadano.

 

¿Cómo podemos permanecer en la comodidad de nuestros hogares mientras aquellos que arriesgaron su vida por defender nuestra patria de la agresión marxista hoy son juzgados sin justicia por sus enemigos del ayer? ¿Cómo seguir disfrutando de la vida aburguesada mientras un general de nuestras Fuerzas Armadas es pasado a disponibilidad por haber rendido un justo homenaje a un camarada de armas, mientras se procura rebautizar a una calle de nuestra Patria con el nombre del Che Guevara y se rinde pleitesía a los delincuentes terroristas de la década del 70?.

 

No olvidemos nunca la célebre frase de Víctor Hugo: "La aceptación de la opresión por el oprimido acaba por convertirse en complicidad; hay una cierta solidaridad y una vergüenza compartida entre el gobierno que obra mal y el pueblo que lo deja hacer. Sufrir es una cosa venerable; someterse es despreciable”.

 

Finalmente, comparto con ustedes una reflexión que recibiera del exterior y que nos viene muy bien a todos los argentinos: “Los que dejan que los humillen por temor o facilismo perpetúan no sólo su propia humillación, sino la de sus descendientes. No comprenden que mientras más se dobleguen más los doblegarán. Al contrario, aquellos que no aceptan que los humillen y no entregan sus conciencias, aunque anden desnudos y tan sólo coman mendrugos de pan, son mucho más dignos que los que se visten de seda a expensas de sus conciencias”.

 

Al que quiera entender que entienda...

 

María Cecilia Pando

DNI: 18.470.203

Email: mercadopando@arnet.com.ar

 

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