CARTA ABIERTA POR: Lic. Arturo Cirilo Larrabure Sr.
Intendente de la Ciudad de Campana Don Jorge Varela Sra. Presidente
del Bloque Justicialista Adriana Barbero De mi mayor consideración: Agradezco
la gentileza de haberme respondido a mi pedido. Sinceramente he entendido
sus razones pero debo admitir que no las comparto. No deseo y créanme
no acostumbro entrar en ningún tipo de polémicas. Soy un hombre
que no busca desencuentros, por el contrario quisiera que mi mensaje sea bien
interpretado, no avivo odios, sembrando siempre el diálogo fecundo. He
dejado hablar a mi corazón y éste sencillamente, tiene razones que
la ¨razón no entiende¨. Me gustaría entonces, con
el mayor de los respetos, invitarlos a ponerse en mi lugar por tan sólo
unos instantes. Hace casi treinta años, una noche como cualquier
otra, setenta individuos fuertemente armados tomaron por sorpresa la fábrica
militar donde vivíamos y desde ese momento la vida de mi amado padre, preso
sin entender las causas de su prisión, tomó un destino inimaginable
y debió soportar uno de los peores castigos y tormentos sufridos por un
militar en la década del setenta. Había cumplido tan sólo
43 años de edad, tenía un futuro promisorio, era además Ingeniero
químico, docente universitario y profesor de institutos terciarios. En
sus 372 días de cautiverio no recibí de su parte, ninguna palabra
que no fuera de esperanza, de aliento, de aceptación y de firme resignación
cristiana. Murió invocando a Dios en su familia, a la Patria en su Ejército,
dejando un testimonio inigualable de heroísmo y perdón. Tan
sólo absténganse de verlo como un soldado, vistiendo el uniforme
militar y olvídense de que el homenaje, al ponerle su nombre a la calle,
fue realizado por un Intendente del proceso de Reorganización Nacional. Talvez
ese, sea claramente el punto que ha marcado la resolución de la ordenanza
votada por unanimidad y ratificada nuevamente hace unos días. Sr.
Intendente, Sra. Presidente del Bloque Justicialista, hace unos cuantos años,
en la ciudad Autónoma de Buenos Aires, los representantes de más
de tres millones de personas eligieron y votaron poner un busto, en homenaje a
mi amado padre, en una de las plazas más importantes de la ciudad Capital
del país, era un gobierno democrático, elegido por la mayoría
de nuestro pueblo. Fue este un hito histórico, donde sinceramente
creí que marcaba un punto de inflexión que condujera a llevarnos
a todos los argentinos por el camino del reencuentro, buscando así la tan
ansiada reconciliación nacional. Ese día, henchido mi pecho
de orgullo, juré luchar por el camino de la paz y transformar mi dolor
en un canto de esperanza. Como últimas palabras transcribo las que
mi padre dejó como mensaje final, aún conciente que perdería
su vida. ¨A Dios, que con tu sabiduría omnipotente has determinado
este derrotero de calvario, A Tí invoco permanentemente para
que me des fuerzas. A mi muy amada esposa, para que sobrepongas tu abatido
espíritu por la fe en Dios. A mis hijos, para que sepan perdonar. Al
Ejército Argentino, para que fiel a su tradición, mantenga enhiestos
y orgullosos los colores patrios. Al pueblo argentino, dirigentes y dirigidos,
para que la sangre inútilmente derramada conmueva a la reflexión
para dilucidar y determinar con claridad que somos hombres capaces de modelar
nuestro destino, sin amparo de ideas y formas de vida foráneas totalmente
ajenas a la formación del hombre argentino. A mi tierra argentina,
ubérrima y acogedora, escenario infausto de luchas fraticidas… Para
que cobije mi cuerpo y me dé paz.¨ Quedando a su entera disposición.
Los
saluda atentamente |